martes, 6 de diciembre de 2011

NO... tampoco fui yo, pero es obvio que también ESTO LO SUPONGO...

Habla como piensas y escribe poco.

Nunca digas lo que vas a hacer: hazlo.

Escucha a todo el mundo y luego calla.

No te quedes donde naciste: viaja,

viaja y viaja, y descubrirás tu rostro,

el verdadero, que es tuyo y de todos.



Convierte en ajeno lo que es de todos.

Huye de lo pomposo y de lo poco.

No sientas asco, no vuelvas el rostro.

Cuando te llegue la hora de amar, hazlo

como si hoy fuera ayer: el amor viaja

a la velocidad de la luz. Calla



tus deseos y sobre todo calla

si te aplauden o dan la razón todos.

Si es necesario, finge: sólo viaja

quien se acerca al canto aunque sea un poco,

como Ulises. Y si te toca odiar, hazlo

frente al espejo y el familiar rostro.



Estudia celosamente tu rostro,

tus sueños y tus miedos: lo que calla

en ti, eso mismo debe hablar; pero hazlo

de modo que te hable también de todos

los que no tuviste o tendrás, y poco

te importe ese vértigo en el que viajas.



No seas nunca el taimado que viaja

por encargo y regresa sin su rostro.

Domestica el hambre y verás qué poco

importuna, como el perro que acalla

un gesto de su amo. Deja que todos

hagan por hacer; tú, todo deshazlo.



Si te toca tomar partido, hazlo

sin vanidad o afán, como quien viaja

por un país conocido por todos;

pero borra una a una de tu rostro

las arrugas de lo superfluo. Calla,

y en silencio ve haciendo, poco a poco.



No te quejes del poco oficio y hazlo

tú mismo: observa, lee, calla, viaja,

búscate y piérdete en el rostro de todos.





...