sábado, 19 de abril de 2008



Cada ser humano es una isla. En el mejor de los casos, pertenece a un archipiélago. Aún así, cada isla es distinta de las otras. Algunas son fértiles, pródigas, ubérrimas. Otras son áridas, magras, resecas.Cada ser humano es una isla, donde sólo convive con su conciencia y en ocasiones con un lago quieto que le informa sobre qué rasgos asume su rostro de náufrago.Cuando el ser humano se aburre de su soledad, entonces se comunica con otra u otras islas, a nado, o en su balsa, en lanchas o en canoas. Y en la otra isla conoce a otros náufragos y también a otras náufragas, y a veces se enamora.El amor une a las islas como una corriente. A veces dos islas copulan y nace un islote.


Mario Benedetti, Vivir adrede

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