A lo largo de la vida, la mayoría de
nosotros construye en su intimidad mental una historia cultural de los años en
los que le ha tocado vivir. A menudo concebimos esa historia como un recuerdo
colectivo que otros compartirán con nosotros. Incluso nos referimos a ella como
nuestro tiempo. Pero lo cierto es que se trata sólo de un tiempo personal, el
tiempo social, cultural e histórico de nuestra intimidad, nuestra imagen
personal de lo que ha ocurrido en el mundo. [...] Trabajamos sin cesar para
lograr cierta comprensión de nuestra vida y de nuestro tiempo. De modo que
revisamos permanentemente nuestra historia personal del pasado hasta incluir en
ella a todos aquellos en relación con los cuales hemos reaccionado en la vida:
nuestros amigos, nuestros parientes, nuestros enemigos, nuestras estrellas de
cine, nuestros atletas, nuestros héroes y las figuras públicas, por no hablar
de todos los grandes acontecimientos, los históricos, y también de los
minúsculos, por los que hemos pasado, además de todos los libros que han
permanecido con nosotros, los que han contribuido a cambiar nuestra vida.
NORMAN
MAILER,
