miércoles, 9 de mayo de 2012

Todo


Todo lo que leí
Todo lo que viví
Todo lo que perdí y no pude recobrar
Todo lo que soñé sobre mi almohada
Todo lo que olvidé y recordé en un instante
como atravesada por un milagro
Todo lo que nombré o dije o callé
Toda el agua que tuve mientras vos
te morías de sed
Y el sol que cubrió mis días
Y la luna que cercó mis noches
Todas las palabras y las líneas
que me guardaron de la soledad
Todo el frío
Todos mis amigos. Los que me dan la mano
y los que me saludan desde un perdido
ventanal
Toda mi vida anticipada
Mis angustias sobre la rueda infinita
de la existencia
Mi amor y mi dolor
Toda la brevedad convertida en eternidad
a través de esta larga y recurrente noche
de insomnio.


Ana iIce Gomez ( Masaya - Nicaragua 1945

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia



Ah qué triste destino este de ser
sólo media naranja y media tinta

y no poder llegar ni al mal ni al bien por senda alguna
y tener siempre listos los principios
para cualquier traición
Nuestro es el purgatorio, como nuestros
son la duda, el escándalo, la farsa
El error es patrimonio de los hombres,
ajenos como son al absoluto
de la razón y de la sinrazón
El purgatorio es de los hombres
Todos los perros se van al cielo
Todos los gatos, al infierno






Montserrat Álvarez

lunes, 7 de mayo de 2012

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El gato no dijo nada.


Hacía menos frío junto al Sena que en las calles, y Oliveira se subió el cuello de la canadiense y fue a mirar el agua. Como no era de los que se tiran, buscó un puente para meterse debajo y pensar un rato en lo del kibbutz, hacía rato que la idea del kibbutz le rondaba, un kibbutz del deseo. "Curioso que de golpe una frase brote así y no tenga sentido, un kibbutz del deseo, hasta que a la tercera vez empieza a aclararse despacito y de golpe se siente que no era una frase absurda, que por ejemplo una frase como: "La esperanza, esa Palmira gorda' es completamente absurda, un borborigmo sonoro, mientras que el kibbutz del deseo no tiene nada de absurdo, es un resumen eso sí bastante hermético de andar dando vueltas por ahí, de corso en corso. Kibbutz; colonia, settlement, asentamiento, rincón elegido donde alzar la tienda final, donde salir al aire de la noche con la cara lavada por el tiempo, y unirse al mundo, a la Gran Locura, a la Inmensa Burrada, abrirse a la cristalización del deseo, al encuentro. Hojo, Horacio", hanotó Holiveira sentándose en el parapeto debajo del puente, oyendo los ronquidos de los clochards debajo de sus montones de diarios y arpilleras.



Julio Cortázar Rayuela Cap. 36

domingo, 6 de mayo de 2012

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Asunción de la poesía

Yo me nazco, yo misma me levanto,
organizo mi forma y determino
mi cantidad, mi número divino,
mi régimen de paz, mi azar de llanto.

Establezco mi origen y termino
porque sí, para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino.

Mi corazón estoy elaborando:
ordeno sufrimiento a su medida,
educo al odio y al amor lo mando.

Me autorizo a morir sólo de vida.
Me olvidarán sin duda pero cuando
mi enterrado capricho lo decida.
María Elena Walsh

Douglas Kennedy




“Elegir nos define. Elegir nos obliga a enfrentarnos a nuestra auténtica naturaleza, nuestras aspiraciones, nuestros miedos, nuestra fibra ética. En la vida, a menudo elegimos mal".

Marguerite Yourcenar



 
"Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes. Mi impotencia para descubrirlos me llevó a veces a las explicaciones mágicas, a buscar en los delirios de lo oculto lo que el sentido común no alcanzaba a darme. Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves, o hacia el lejano contrapeso de los astros".

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Con penurias, pero felices. Ella lo recordaba como un tiempo en el que, a pesar de estrecheces, le afloraba la risa. Estando embarazada de mí, una vez -una de tantas- que lo que había en los platos era bien escaso, mi padre le arrimó el suyo y le dijo: "Tienes que alimentarte, yo me como tu risa".
JUAN COBOS WILKINS, El corazón de la tierra

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