lunes, 13 de agosto de 2012

Suele suceder...




"Entro en una librería desconocida.
Me dirijo a los anaqueles coloreados, 
llena de curiosidad y tensa emoción.
La esperanza de hallar «algo nuevo» 
es quebrada por la voz del empleado 
que me pregunta qué títulos busco.
No sé qué decirle.
Al final, recuerdo uno.
No está.
Hubiese querido seguir mirando,
pero sentía sobre mí el peso de esa mirada comerciante,
tan estrecha y desaprobadora ante alguien que 
«no sabe» lo que quiere.
¡Siempre lo mismo! 
¡Siempre 
hay que aparentar la posesión de un fin! ¡Siempre el camino rectamente marcado!"


Alejandra Pizarnik 

coco...


Conversación sin sentido

Como una avalancha se me ha echado encima
el tiempo
y me doy cuenta de algunos errores
que cometí y aún sigo viendo
las causas oscuras que me llevaron y llevan a la
desvastación
y al gran silencio de la zona más honda de la vida.
Apenas una luz trasluz de inteligencia
me ha permitido razonar con sentido común
ese común sentido natural que llaman necesario
para comunicarse con los demás y ser
mínimamente aceptado en la tribu
con todos los respetos y las armas.
Qué quieres que te diga amigo amado
a mí no se me dio (o no acepté)
el don del sentido común y por eso tal vez
he andado sin rumbo por la vida
de un lado a otro equivocándome dándome
saliendo por los pelos
amando tan jodidamente con locura
a quienes nunca debí amar o dejar entrar
en mis sentidos
que ahora
unos quince millones de minutos después
intuyo
que mejor hubiera sido no conocerme
ni tú ni yo
no haber estado aquí en el mundo
no haber ganado el tiempo escribiendo poesía
no haber venido aquí... aquí... llorando...
que de eso venimos todos
de llorar y parir circularmente
y no sacar ni pá un bocado de eternidad
ni voz de Job.
Ni ganas.
¿Tú qué piensas?







Isla Correyero

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Porqué no soy budista...

Amo el deseo, el estado de necesidad y de saber
adquirir; construir un reino en el alma 
requiere del deseo. Amo las cosas que anhelo: 
tú en tu bata de baño sin amarrar, las lenguas de efectivo que cuelgan 
de mi billetera; y amo lo que quiero: ropa,
casas, redenciones. ¿Acaso un traje  nuevo color malva 
equivale a Dios? Oh, no, el deseo tiene jerarquías. Perder 
una pluma amada no es igual a perder la fe. El deseo pertinaz 
por un pastel de nuez es menos apremiante que la muerte,
pero  el pastel en su plato adquiere un significado,
incluso cuando el amor peligra y ya nada importa.
Para mi madre, salud, para mi hermana, desposeída, 
entereza. Pero ¿por qué el deseo es sufrimiento?
¿Por qué la carencia deja al mundo en harapos?
¿De qué otra manera si no en harapos debe estar el mundo?
Una casa con un portal rodeado de columnas en lo alto sobre un lago.
Ten, aquí está tu dinero. Un rostro amado en agonía, 
el espíritu se ha marchado. Ten, usa mis harapos de amor.

Molly Peacock

Sí alguien me ve... ofrezco recompensa...





"De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible, y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan los hallazgos porque es preciso perderse para volver a encontrarse."
(Eduardo Galeano 1940-)

Quién apagó la luz...?


"Comprender a los demás es sabio, comprenderse a uno mismo es estar iluminado. El que vence a los otros es fuerte, pero el que se vence a sí mismo es poderoso" Lao Tse 老子 (IV a.c.)

viernes, 3 de agosto de 2012

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Todo cuanto hacemos o decimos, cuanto pensamos o sentimos, lleva la misma máscara y el mismo dominó. Por más que nos despojemos de la ropa, nunca llegamos a la desnudez, porque la desnudez es un fenómeno del alma y no del hecho de quitarse el traje. Así, vestidos en cuerpo y alma, con nuestros múltiples trajes tan agarrados a nosotros como las plumas de las aves, vivimos felices o infelices, e incluso ignorando que lo somos, el breve plazo que nos dan los dioses para divertirlos, como niños jugando a juegos serios.» 




(Fernando Pessoa)

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